viernes, 12 de diciembre de 2008

El Ave Fénix y Santa Teresa de Jesús


En esta analogía, expuesta por la Santa Madre con aplauso y aprobación de Jesucristo, vemos comprobada una verdad, a saber: que la fuerza del símbolo no radica en su realidad histórica, sino en la apreciación popular de oyentes o lectores. No es preciso que el símbolo sea real, ni tampoco la acción simbólica, que se describe en estilo narrativo. Basta con que se comprenda lo que quiere decirse, dando por bueno lo que vulgarmente se cree sobre tal o cual cosa, y basando el contenido metafórico en semejante creencia o persuasión popular.


Bien saben todos que el Ave Fénix es una fantasía, incorporada por San Ambrosio al Exámeron cristiano. El padre Granada copió de él su descripción en un lenguaje fluido y precioso; pero no hay tal ave, y se desvanecen, por tanto, las consideraciones piadosas que se hacen sobre ella.


Oigamos cómo Santa Teresa nos describe la analogía, la cual no necesita ser histórica para ser muy hermosa:


«Comulgué y estuve en la Misa, que no sé cómo pude estar. Parecióme había sido muy breve espacio; espantóme cuando dio el reloj y vi que eran dos horas las que había estado en aquel arrobamiento y gloria. Espantábame después, cómo, en llegando a este fuego, que parece viene de arriba, de verdadero amor de Dios (porque aunque más lo quiera y procure y me deshaga por ello, si no es cuando Su Majestad quiere, como he dicho otras veces, no soy parte para tener una centella de él), parece que consume el hombre viejo de faltas y tibieza y miseria; y a manera de como hace el Ave Fénix, según he leído, y de la misma ceniza, después que se quema, sale otra, así queda hecha otra el alma después, con diferentes deseos y fortaleza grande, no parece es la que antes, sino que comienza con nueva puridad el camino del Señor. Suplicando yo a Su Majestad fuese así, y que de nuevo comenzase a servirle, me dijo: Buena comparación has hecho; mira no se te olvide, para procurar mejorarte siempre»


Alude a este símbolo en las Moradas Sextas, capítulo IV, sin detenerse en desarrollar la idea ni la comparación. La frase teresiana según he leído justifica la apreciación de Hoornaert, que debió ser en el Tercer Abecedario de Osuna donde la Santa Madre bebió esta y otras muchas metáforas, porque era un autor muy amado de ella, según demuestran las continuas señales que dejó grabadas en sus hojas, y porque abunda dicho libro en comparaciones, frases gráficas de gran relieve y extraordinaria viveza, entre ellas la del Ave Fénix


*fuente:cervantes virtual

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