miércoles, 12 de noviembre de 2008

Santa Teresa y la Sagrada Escritura



Una de las razones de la riqueza y actualidad de la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús es su profundo talante bíblico.


Son innumerables las citas explícitas que hace de la Biblia, las constantes alusiones a la Escritura, las llamativas intuiciones hermenéuticas con que se acerca a los textos y el sugestivo uso que hace de los pasajes y de los personajes bíblicos para explicar actitudes de vida o para iluminar sus propias experiencias espirituales. “La Biblia se adhiere a su vida y a su mensaje. Penetra una y otro saturándolos.


Al escribir 'las cosas de espíritu', la Palabra de Dios le fluye con la misma sencillez que abundancia. Como le mana su misma vida. Textos, tipologías, evocaciones, reminiscencias bíblicas se agolpan sobre su pluma en el momento preciso, como a presión de la vida que lleva dentro, con toda la carga de vibraciones y resonancias y luminosidad que la Palabra de Dios le produce” [M. Herraiz, “La Palabra de Dios en la vida y pensamientos teresianos”, Teología Espiritual 28 (1979) 53].


Es doblemente sorprendente el lugar que ocupa la Biblia en la vida y la doctrina de Santa Teresa cuando la enmarcamos en su tiempo. Ella no tuvo la oportunidad de realizar un estudio profundo de la Biblia y ni siquiera la conoció íntegramente. Su condición de mujer en aquella época era una limitación muy grande. Ella misma confiesa: “Por lo demás basta ser mujer para caérseme las alas” (V 10,8).


Mujer sin letras. No realiza labor de teólogo cuando escribe sino que sencillamente narra la historia que Dios va tejiendo en su propia vida y desde allí intuye unos caminos y unos criterios luminosos y válidos también para otros. Y aun cuando lo hace magistralmente, en más de una ocasión manifiesta su deseo de poder manejar categorías bíblicas nuevas que le permitan expresar mejor lo que vive y siente su alma. Al final de Las Moradas exclama: “¡Oh, Jesús! Y ¡quién supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del alma!” (7M 3,13; cf. C 19,3).


En Teresa de Jesús la Escritura es palabra viva. Se funde armoniosamente con su vida, como dos palabras pronunciadas por el mismo Dios. Con naturalidad constata que lo narrado en la Biblia "me parece lo veo al pie de la letra en mí". Con gozo exclama que la lectura de los textos bíblicos "me aprovechó mucho", "me consoló mucho", "me ponía esfuerzo". Biblia y vida aparecen en Teresa como dos ríos que brotan de la misma fuente divina. Dios mismo fue para ella "el libro verdadero adonde he visto las verdades".


La Biblia es también una luz que ilumina su experiencia de fe y su proceso espiritual. No quiere apartarse ni un "tantico" de lo que dice la Biblia, en donde se le ha revelado la Verdad de Dios. Quisiera conocer más de la Biblia "para dar a entender" el camino espiritual. Se acerca a la Biblia para entender su vida y desde su vida entiende la Biblia. Sus intuiciones hermenéuticas son sorprendentes, sobre todo si pensamos en el momento histórico que vivió. Como fruto de su experiencia mística, de su vida profundamente arraigada en la verdad, de su maravilloso sentido común y de su gran amor a la Iglesia, nos ofrece una serie de normas de lectura de la Biblia que coinciden en mucho con las reconocidas por la Iglesia en el Vaticano II. Santa Teresa de Jesús es un verdadero testigo de la fuerza y de la luz de la Sagrada Escritura.


Una mujer, hija de su tiempo, que sufrió muchas veces la ausencia de la Biblia. Pero que por su amor a la Palabra de Dios no se dejó condicionar por el momento histórico que vivió, ni por las estructuras eclesiásticas de su época. Teresa nos ha dejado el testimonio de una existencia iluminada y explicada por la Palabra de Dios.


*P. Silvio José Báez, o.c.d.

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