martes, 13 de enero de 2009

Santa Teresa de Jesús y sus bilocaciones...


SANTA TERESA DE JESÚS (1515-1582) tuvo muchas bilocaciones en vida y muchas apariciones después de muerta. Veamos algunas de sus bilocaciones tal como se narran en las Actas de los Procesos de beatificación y canonización, publicados por el padre Silverio de Santa Teresa.


Dice Sor Ana de san Agustín: Estando esta testigo de sacristana en Malagón y estando un día durmiendo en su cama, la despertó la Madre Teresa de Jesús y le dijo: “Vete y pon luz delante del Santísimo Sacramento”. Y esta testigo se levantó y fue al coro a encender la lámpara, y encendida, vio allí a la dicha Madre Teresa de Jesús y se admiró, porque no estaba allí en dicho convento, sino en Ávila, a muchas leguas de allí, de Malagón; y esta testigo presumió que por su poca devoción la Madre Teresa le hacía este favor para moverla a devoción; y cuando esta testigo quiso hablar, no vio ninguna cosa y desapareció .


La misma Sor Ana de san Agustín afirma: Esta testigo supo de cierta monja de esta casa que estando una noche en oración y estando la dicha Madre Teresa ausente de esta villa más de treinta leguas, se le apareció, porque la dicha monja había pensado la mudase de aquella casa a otra casa donde estaría mejor; le dijo la dicha Madre Teresa que tuviera cuenta con la casa donde estaba. Y que habrá tres años, poco más o menos, que tornó a desear esta monja que la sacasen de aquella misma casa y que se la tornó a aparecer la dicha madre Teresa de nuevo, cuando estaba ya muerta, estando en Maitines, y reprendióla por este deseo y, no obstante esto, todavía la dicha monja trataba de que la mudasen de allí. Y de allí, al poco tiempo, se le tornó a aparecer, reprendiéndola por desobediente .


El padre Enrique Enríquez dice en su testimonio en los Procesos: He sabido del padre Gaspar de Salazar de la Compañía de Jesús, el cual sabe muchas cosas de la dicha Madre Teresa de Jesús, que estando a muchas leguas de distancia de donde él estaba en su aposento cerrado, se le apareció antes que muriese la dicha Teresa de Jesús y le dio ciertos avisos y amonestaciones, y que este testigo le preguntó después a la dicha Madre, la cual con una humilde modestia mostró haber sido así por particular orden de Dios Nuestro Señor para ciertos efectos saludables .


Sor Ana de Jesús Lobera dice en los Procesos: La Madre Teresa de Jesús no sólo ha dado avisos en espíritu después de muerta sino también estando viva... Así, en esta casa de Salamanca, hace unos veinte años, estando ella fundando en Segovia, teníamos aquí a la hermana Isabel de los Ángeles, con gran enfermedad desde hacía ocho meses, que daba compasión verla. El día de san Bernabé (11 de junio de 1574) por la mañana, estaba fatigadísima cuando nos fuimos a misa; y cuando vinimos la hallamos con extraordinaria alegría... Después que se fueron las otras Madres, yo, que había sido su maestra, quédeme sola con ella y le dije: “¿Qué tienes que estás tan cierta de que hoy vas a salir de este destierro?” Ella me afirmó que, durante la misa, había estado nuestra Madre Teresa de Jesús con ella bendiciéndola y regalándola, diciendo: “Hija mía, no sea boba ni esté con esos temores, sino muy confiada en lo que hizo por ella su Esposo, que es grande la gloria que Dios le tiene preparada y crea que hoy la gozará”; y así me afirmaba y parecía que tenía el alma con mucha paz y en esa serenidad pasó el día hasta la noche, que nos fuimos a Maitines, dejando con ella dos o tres de nosotras; y al punto que en el coro queríamos tomar la disciplina, pues era viernes..., cesamos y fuimos todas juntas a la enfermería y, poniéndola el crucifijo y la vela en la mano, comenzamos a bendecir el nombre de Jesús y a decir el Credo con ella y, en acabando la postrera palabra del Credo, expiró; y luego comenzó a cubrirse el cuerpo de tan gran hermosura y resplandor que se vio claro ser cosa sobrenatural y celestial. Y esto no sólo lo vimos todas las religiosas, sino también cuantas personas de otras Órdenes y seglares vinieron a su entierro... El mismo día que la enferma dijo que había visto a nuestra Madre, escribimos a Segovia donde ella estaba, diciendo a la Priora y Subpriora de allí se lo dijesen para ver si podían entender cómo había sido, y se lo contaron diciendo: “Madre, no en balde aquella mañana, después de haber comulgado vuestra Reverencia llegamos dos veces a darle recado y no nos respondió, pues estaba como muerta a la misma hora que escriben de Salamanca que estuvo allí”.

jueves, 8 de enero de 2009

Santa Teresa y San Francisco de Borja


Cuenta santa Teresa en el Libro de su Vida la relación que durante un tiempo mantuvo con san Francisco de Borja:

"En este tiempo vino a este lugar el padre Francisco, que era duque de Gandía y había algunos años que, dejándolo todo, había entrado en la Compañía de Jesús. Procuró mi confesor, y el caballero que he dicho también vino a mí, para que le hablase y diese cuenta de la oración que tenía, porque sabía iba adelante en ser muy favorecido y regalado de Dios, que como quien había mucho dejado por El, aun en esta vida le pagaba.


Pues después que me hubo oído, díjome que era espíritu de Dios y que le parecía que no era bien ya resistirle más, que hasta entonces estaba bien hecho, sino que siempre comenzase la oración en un paso de la Pasión, y que si después el Señor me llevase el espíritu, que no lo resistiese, sino que dejase llevarle a Su Majestad, no lo procurando yo.


Como quien iba bien adelante, dio la medicina y consejo, que hace mucho en esto la experiencia. Dijo que era yerro resistir ya más. Yo quedé muy consolada, y el caballero también holgábase mucho que dijese era de Dios, y siempre me ayudaba y daba avisos en lo que podía, que era mucho."

El cuadro, obra del pintor valenciano Segrelles,
se conserva en la Iglesia de los Jesuitas en Gandía.

miércoles, 7 de enero de 2009

Primera fundación: San José de Àvila...


Entrando en Avila por la calle del Duque de Alba, se encuentra uno de los muros del convento de San Jose. Una puerta tapiada nos llama la atencion...arco de medio punto, unos escudos de la Orden del Carmen, una vieja cruz de madera....

Hasta comienzos del s.XVII era la porteria. Pero las reformas de entonces la trasladaron luego junto a la iglesia, donde está ahora. Dando vuelta a esos venerables muros, llegamos a la Placita de San Jose, recoleto rincon que formas, la iglesia, la puerta del monasterio, la casa del capellan y del demandadero.
Un pavimento de guijarros.

Una ausencia total de adornos extraños.
El aire en silencio...

San Jose es el primer Carmelo Teresiano, el primer ''Palomarcito de la Virgen'', que las manos virginales de Teresa levantaron espiritual y materialemente .

En el alma de Teresa se habìa encendido el deseo de vivir su vocacion carmelitana, con toda perfeccion posible, guardando la regla primitiva, en silencio y contemplacion. Para ello, penso en juntarse unas poquitas nada mas (13 al principio, luego amplio hasta 20) Porque ''muchas mujeres juntas ¡Dios nos libre!''.

La voz que le hablaba le dijo que SÍ...¡Y se lanzó a la empresa! Sin medios humanos, pero confianza mucha en el Señor......

martes, 6 de enero de 2009

Fortaleza Teresiana...


Fuerte como las murallas de su tierra

¿Conoces Ávila? ¿Alguna vez la has visto, al menos en película o en fotografía? Pasar por sus murallas es sentir hambre de lo que no se acaba, de lo que perdura, lo que permanece. Vale la pena hacer el viaje al menos con nuestra imaginación... llegar y sentarse a mirar quietos, asombrados, mudos... Teresa de Jesús contempló este paisaje de piedra, de cielo limpio, de fortaleza. Las murallas son elocuentes para simbolizar la reciedumbre del espíritu teresiano.

Si la Madre Teresa lo dijo, lo doy por hecho

Fuerte no es el peleador que gana un trofeo en el box; él es un deportista. Fuerte es la persona a la que el viento de las dificultades la dobla, pero no la quiebra; fuerte es quien es firme, quien llega hasta el final de lo que se propone.

Se cuenta que Don Álvaro de Mendoza, Obispo de Ávila en tiempo de Sta. Teresa, vivió un proceso de valoración y estima por todos los proyectos teresianos; de hecho llegó a ser un buen amigo de la santa. Bien, pues a este Obispo castellano, le oyeron exclamar: "Juro por mi vida que algunas veces no entiendo a la Madre Teresa, pero creo en ella de todo corazón. He visto que se compromete de tal modo, que consigue lo que comienza". Y cuando Don Álvaro dudaba, cuando le parecía imposible tal o cual fundación, les preguntaba a las monjas carmelitas: "Teresa de Jesús dijo que se haría...? Porque si ella lo dijo, lo doy por hecho".

¿En qué consiste la fortaleza teresiana?

Desde un enfoque teresiano la fortaleza equivale precisamente "a la determinada determinación". (CP 21,2) Supone valentía, y capacidad de esfuerzo. Teresa de Jesús supo combinar con muy buena dosis de armonía un exquisito feminismo con un espíritu recio, fuerte.
Esta frase "determinada determinación" se encuentra con frecuencia en sus escritos, sobre todo cuando habla de momentos fuertes de su vida. Significa: Un acto de entrega y de confianza en Dios; un propósito firme, traducido en acciones concretas de perseverar hasta el fin "pase lo que pase y suceda lo que suceda".

Nos ayuda mucho practicar esta determinada determinación teresiana para salir de la rutina, la mediocridad, del "hay se va". Sirve para comenzar el camino de la oración y para enfrentarnos a las dificultades de la vida, sobre todo a esos momentos de crisis, en los que todo parece tambalearse.

La fortaleza es una gracia que la Santa la pedía constantemente en la oración: "Fortaleced mi alma, Señor" porque: "No viene esta fortaleza de nuestras fuerzas" (V.13,3) Su Majestad nos la concede, dice ella, para aceptar los riesgos con ánimo animoso, para ser generosos, entregados; para "no quedarnos al pie del monte, sabiendo que podemos subir hasta la cumbre"


*fuente: Santa Teresa de Jesús, una mujer para la mujer de hoy

lunes, 5 de enero de 2009

El abrazo ante la puerta dorada...


ABRAZO DE SANTA TERESA DE JESÚS, SANTA CATALINA DE SIENA Y SANTA CLARA*

El tema del abrazo místico, tiene unos interesantes episodios llenos de connotaciones y matices en la iconografía cristiana.
Dejando a un lado el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada, como inicio material del futuro dogma concepcionista, el encuentro fraterno entre Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís, es parte indispensable en la secuencia hagiográfica de los protagonistas más egregios de las órdenes mendicantes tardomedievales.
El abrazo supuso la confirmación externa y visual, el sello físico de una hermandad producida por la similitud de las intenciones, aunque la mentalidad y la forma de llevarlas a cabo estuvieran sustancialmente diferenciadas y de hecho se distinguieran en la práctica de una diferente espiritualidad.
Algo similar sucede en esta curiosa composición iconográfica perteneciente al patrimonio del convento carmelitano de Rioseco, donde de una forma anacrónica pero cargada de simbolismo, se produce el abrazo de tres grandes figuras del monacato femenino. A las representantes más notables de las órdenes franciscana y dominica, Clara de Asís y Catalina de Siena, como auténticas réplicas de Francisco y Domingo, se une ahora la figura de Teresa de Jesús.
No podía ser menos en una casa de la santa, que de este modo ve su condición equiparada a la de las mujeres que, hasta esos instantes, se situaban en la cúspide de la espiritualidad monástica más moderna. La hermandad propugnada eleva la dignidad de Santa Teresa y la vigencia de su reforma, igualándola e identificándola con los procesos que sus antecesoras habían desarrollado en otros ámbitos cronológicos, para expresar la similitud de sus propuestas, ratificadas a través de la imagen.
Si en la narración de su vida, Teresa señala su admiración por Catalina de Siena, aún deja más clara su veneración por Santa Clara, que incluso se le aparece el día de la celebración de su fiesta “con mucha hermosura”, alentándola en sus fundaciones “y díjome que me esforzase, y fuese adelante en lo comenzado, que ella me ayudaría. Yo la tomé gran devoción...”.
De gran discreción en cuanto a su factura, el lienzo ha de responder al esquema previo de una composición gráfica difundida a través de la estampa, o tal vez de una ilustración libraria, que no hemos alcanzado a localizar, generada en el mismo contexto de exaltación de la orden reformada. La composición, de extrema sencillez en cuanto a los recursos recursos estéticos empleados, muestra en primer plano y en un interior embaldosado a las santas, diferenciadas únicamente por sus particulares hábitos.
Las tres se disponen en un entorno arquitectónico, inquietante por desconocido y atrevido en cuanto a su concepto, que recuerda soluciones pictóricas de más altos vuelos, como si se tratara de un esquema reutilizado. Una extraña construcción de arquerías da paso a un espacio ajardinado, disponiendo en su parte superior una balaustrada donde tres personajes masculinos observan admirados la escena, algo que sí que sucede habitualmente en el mencionado episodio del Abrazo ante la Puerta Dorada.
Sin bibliografía
M.A.M.
*Anónimo castellano
Segunda mitad del siglo XVII
Óleo sobre lienzo 154 x 125 cm.
Convento de San José.
Madres Carmelitas Descalzas. Medina de Rioseco

martes, 30 de diciembre de 2008

San Pedro Alcántara y Santa Teresa de Jesús II


La comunión entre los santos, libre de todo egoísmo, se vive en lo más profundo del corazón. En él se esconde ese mutuo aprecio, esa sintonía que viene a expresar lo que es la clave de su comunión: el mismo Dios en el que asientan su mutua amistad y aprecio, pues sólo en Él y desde Él tiene razón de ser su encuentro y cercanía. Esto no quiere decir que tal amistad no se dé en las circunstancias concretas de una historia y de una vida que ha venido a entrelazar los destinos de quienes desde Dios se aprecian y aman. Testimonios tenemos a lo largo y ancho de la vida de muchos santos, pero en algunos esto se hace mucho más patente, y tal es el caso de Santa Teresa. Son muchos los santos que se han cruzado por su vida y con los que ella ha vivido esta singular relación de aprecio y cercanía. Queremos ahora recordar y evocar la que tuvo con San Pedro de Alcántara.

Cuando Teresa hace memoria viva de su camino hacia Dios y recuerda cómo Cristo vino a ser para ella «libro vivo», no puede olvidar que fue el bendito fray Pedro de Alcántara quien pudo confirmarla en ello, frente a otros muchos que la tenían amedrentada.

Bien claro veía ella que su sentir a Cristo cabe sí no era fruto de una imaginación desbordada por falsos sentimientos religiosos; pero el miedo en que la hacían vivir quienes con sus consideraciones la inducían a sospechar siempre de ello, y a ver en tales experiencias ardides del diablo para perderla, la sumergieron en un mundo de dolor y sospecha. Buscaba incesantemente algún maestro que la pudiera llegar a dar razón de lo que ella vivía, que tan lejos estaba de esos engaños y patrañas que la imaginación ponía en muchos de sus contemporáneos, pero que por la dificultad de darlo a entender al ser experiencia surgida en el fondo de su misma vida entregada a Cristo no encontraba confirmación en su vivencia.

Con San Pedro de Alcántara llegará la confirmación en lo que vive al descubrir que lo que ella experimenta son visiones muy subidas, que se expresan en luz interior, y no en falsas consideraciones fruto de la imaginación inducida por sentimientos pseudorreligiosos o patrañas del demonio. No eran simples consideraciones para momentos de oración, era don y gracia de Dios que en Jesucristo nos ha dado todo, por eso sólo hombres experimentados podían confirmarla en ello. Su gozo y alegría es grande y no puede dejar de ensalzar a quien supo encauzarla por sendas de tanta perfección: «¡Y qué bueno nos le llevó Dios ahora en el bendito de fray Pedro de Alcántara! –exclama al saber de su muerte y recordarle–. Este santo hombre de este tiempo era; estaba grueso el espíritu como en los otros tiempos, y así tenía el mundo debajo de los pies. Que, aunque no anden desnudos ni hagan tan áspera penitencia como él, muchas cosas hay para repisar el mundo, y el Señor las enseña cuando ve ánimo. ¡Y cuán grande le dio Su Majestad a este santo que digo, para hacer cuarenta y siete años tan áspera penitencia, como todos saben!» (Vida 27,16).

Describe su penitencia y concluye: «Con toda esta santidad era muy afable aunque de pocas palabras, si no era con preguntarle. En éstas era muy sabroso, porque tenía muy lindo entendimiento». Ella sabe que la quería bien, y que fue este amor algo que el Señor quiso la tuviera para volver por ella y animarle en tiempo de tanta necesidad, como fueron los años en que su oración no era entendida ni aprobada por quienes la acompañaban en Avila.

Santa Teresa recuerda que nuestro Santo había llegado a Avila invitado por doña Guiomar de Ulloa para que la tratase y aconsejase. Aquel verano de 1560 se preocupa su buena amiga de recabar licencia del Provincial de los Carmelitas para que Teresa pueda salir del convento y hospedarse en su casa. Allí y en algunas iglesias le habló al Santo muchas veces. Le dio cuenta de su alma, como ella acostumbraba a hacerlo, con claridad, sin doblez, poniendo bien al desnudo su alma. Aquel hombre de Dios la llegó a entender por experiencia. Algo que muy pronto descubrió la Santa, en momentos en que ella aún no se sabía entender, ni por lo mismo sabía expresar con precisión lo que por ella pasaba. «Era menester que hubiese pasado por ello quien del todo me entendiese y declarase lo que era» –afirma nuestra Santa. Y continúa: – «Este santo hombre me dio luz en todo y me lo declaró, y dijo que no tuviese pena, sino que alabase a Dios y estuviese tan cierta que era espíritu suyo, que, si no era la fe, cosa más verdadera no podía haber ni que tanto pudiese creer» (Vida 30,4-5).

Eran momentos cruciales en la vida de Santa Teresa. El encuentro con San Pedro de Alcántara fue providencial. Abre su espíritu a la alabanza y a la confianza en un mundo de temores y miedos. Le descubre el camino de la verdadera fe, y no sólo eso sino que este hombre que vive en Dios, que sabe de oración vivida como trato de comunión y amistad, sale en defensa de Teresa.

Habla con Francisco Salcedo, el caballero santo, y con el padre Baltasar Álvarez porque entiende que esta mujer es digna de lástima entre tanta incomprensión. «Díjome –escribe Santa Teresa– que uno de los mayores trabajos de la tierra era el que había padecido, que es contradicción de buenos, y que todavía me quedaba harto, porque siempre tenía necesidad y no había en esta ciudad quien me entendiese; mas que él hablaría al que me confesaba y a uno de los que me daban más pena, que era este caballero casado que ya he dicho. Porque, como quien me tenía mayor voluntad, me hacía toda la guerra, y es alma temerosa y santa, y como me había visto tan poco había tan ruin, no acababa de asegurarse.

Y así lo hizo el santo varón, que los habló a entrambos y les dio causas y razones para que se asegurasen y no me inquietasen más. El confesor poco había menester, el caballero tanto, que aun no del todo bastó, mas fue parte para que no tanto me amedrentase» (Vida 30,6).

Desgraciadamente, ha desaparecido la rica correspondencia que entre ambos tuvo que haber, pues concertaron escribirse y encomendarse mucho a Dios tras este encuentro.

Ella le guardará siempre el mejor de sus recuerdos cuando haya de hacer relación de conciencia de su vida, asegurando que era un santo varón, de los descalzos de San Francisco, con el que trató mucho y él fue el que hizo mucho de su parte para que se entendiese era buen espíritu el que animaba a la Santa. De nuestro santo también oyó muchas y excelentes razones para apoyar a las mujeres en el camino de la oración, vedado por muchos letrados, asegurando que según San Pedro de Alcántara aprovechan mucho más que los hombres (Vida 40,8). Le contará a su hermano muchas cosas buenas de él cuando le escribe a América y le recordará más adelante, pasados muchos años y ya muerto el Santo, para quitar miedos a su hermano –que iniciándose en la oración vive los primeros fervores y se ve envuelto en raros deseos de levantarse entre la noche, y en raros sueños–, asegurando: «Si oyera lo que decía fray Pedro de Alcántara sobre eso, no se espantara...» (Cta. 167. A don Lorenzo de Cepeda. Toledo, 2 de enero de 1577).

Por último, a Teresa le quedan los libros escritos por el Santo para seguir confortándose con su doctrina, y sentirse identificada con ella. Si para rebatir su pensamiento le aducen lo escrito por el Santo, acabará descubriendo con su oponente, después de leerlo, que dice lo mismo que ella (cfr. 4M 3,4). En sus Constituciones, entre los libros que recomienda han de procurar las prioras haya para mantener el alma en sus casas, están los libros de fray Pedro de Alcántara. Tal es el recuerdo vivo y el aprecio que guardó siempre Santa Teresa por este gran Santo, al que tanto debe y con el que tanta sintonía de alma encontró.

*Francisco Brändle, O.C.D.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Simeón tomo al niño en sus brazos...


Comentario al Evangelio por Santa Teresa de Jesús

Es en esta oración de quietud, adonde a mí me parece comienza el Señor, como he dicho, a dar a entender que oye nuestra petición, y comienza ya a darnos su reino aquí, para que de veras le alabemos y santifiquemos su nombre y procuremos lo hagan todos.

Es ya cosa sobrenatural y que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos; porque es un ponerse el alma en paz o ponerla el Señor con su presencia por mejor decir, como hizo al justo Simeón (Lc 2, 29), porque todas las potencias se sosiegan. Entiende el alma, por una manera muy fuera de entender con los sentidos exteriores, que ya está junto cabe su Dios, que, con poquito más, llegará a estar hecha una misma cosa con él por unión. Esto no es porque lo ve con los ojos del cuerpo ni del alma. Tampoco no veía el justo Simeón más del glorioso niño pobrecito; que en lo que llevaba envuelto y la poca gente con él que iban en la procesión, más pudiera juzgarle por hijo de gente pobre que por Hijo del Padre celestial; mas dióselo el mismo Niño a entender.
Y así lo entiende acá el alma, aunque no con esa claridad; porque aun ella no entiende cómo lo entiende más de que se ve en el reino (al menos cabe el Rey que se le ha de dar), y parece que la misma alma está con acatamiento aun para no osar pedir.
*fuente: Evangelio del Día